lunes, 18 de abril de 2011

Como si se repitiera la historia, en cuestión de horas las calles se inundan de panfletos, pancartas con una serie de mensajes invitando a participar en las contiendas políticas. Las emisoras de radio, televisión se saturan de propagandas y escenas que intentan demostrar porque un candidato es mejor que otro. Finalmente llega la hora cero y muchos celebran la elección de sus líderes que gobernaran los destinos de su municipio, región o nación. Tristemente la historia ha demostrado una y otra vez que muchas promesas de los aspirantes no se cumplen cuando llegan al poder.

Esto nos invita a reflexionar profundamente sobre el ¿Por qué? algunos de estos representantes elegidos popularmente, se les olvida la tarea y caen en la trampa de los lujos, las comodidades extravagantes que ofrece la clase opresora y terminan acabando con la ilusión de un pueblo. Cabe recordar que muchos profesionales egresados de las universidades (oficial, privada, privada de elite oligarca) hacen o han hecho parte de los procesos democráticos y políticos del país, pero pocas veces se pueden percibir sus logros que permitan o hayan permitido mejorar la difícil situación de las clases sociales menos favorecidas. Por estos tiempos la responsabilidad del educar se le ha dejado prácticamente al docente y este lucha con todo lo que puede para manejar tan compleja responsabilidad. Son pocos los hogares donde se educa en valores y la sociedad por lo general no es la más comprometida en dar los mejores ejemplos.

Es una gran lastima para cualquier pueblo, que algunos de estos lideres elegidos democráticamente terminen como politiqueros, obrando en función de su codicia (antivalores), se vuelvan ciegos y se apasionen con los lujos de las clases dominantes, violando la confianza de sus electores. Los antivalores (odio, venganza, codicia, soberbia, orgullo, vanidad etc.,) están llevando a muchas personas a participar en una carrera suicida por adquirir fortuna, trayendo consigo sufrimiento, dolor y muerte. Les es difícil comprender que “Enriquecerse materialmente no significa haber logrado la felicidad y la libertad, por el contrario es el principio de su pérdida”.

La educación es responsabilidad de todos y de todas, enseñar a los jóvenes a ser personas de bien, donde su participación política y democrática no solo sea por intereses personales, o a cambio de dadivas, sino, sea el fruto de una reflexión profunda guiada por valores de justicia y equidad social. Finalmente la educación es vital para la reconstrucción de los valores (amor, sencillez, equidad, tolerancia, justicia, amistad etc.) formando así, verdaderos seres responsables, líderes que participen de una manera autónoma en los diferentes procesos democráticos, políticos y una vez elegidos no hagan la voluntad de sus antivalores, sino, la voluntad de sus valores, logrando con esto que las riquezas del país no se queden en manos de unos pocos, por el contrario, vayan en beneficio de las clases oprimidas y puedan estas, por fin, tener una vida digna a la cual tiene derecho sin excepción todo ser humano.